PROYECTO
GALILEA

PROYECTO GALILEA

“Iba Jesús bordeando el mar de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano Andrés largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.” Ellos dejaron las redes al instante y le siguieron”. (Mc 1, 16-18)
“Al ver tanta gente, sintió compasión de ellos, porque estaban vejados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entones dijo a sus discípulos: “La mies es mucha y los obreros poco. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies””

(Mt 9, -36-37)

VOLUNTARIADO DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES SACEROTALES

NUESTRO OBJETIVO

Las vocaciones al sacerdocio ministerial son absolutamente necesarias para el crecimiento y vitalidad de la Iglesia y para poder llevar a cabo la obra de la evangelización haciendo llegar el anuncio de la salvación a todos los hombres.

La Iglesia tiene el compromiso de “cuidar el nacimiento, el discernimiento y el acompañamiento de las vocaciones, en especial de las vocaciones al sacerdocio” (Juan Pablo II Pastores Dabo Vobis, 34).

Puesto que es un deber de todos los integrantes de la Iglesia, sacerdotes, personas consagradas y laicos, la Familia María Madre, consciente de la alarmante situación actual de escasez de vocaciones al ministerio sacerdotal emprende una actuación muy particular para la promoción de las mismas a través del Proyecto Galilea.

El objetivo de este proyecto es colaborar con la Iglesia en favor de las vocaciones sacerdotales valorando y cultivando para que puedan germinar y madurar santas vocaciones al estado sacerdotal mediante una actuación principal muy concreta, la plegaria de súplica por las santas vocaciones especialmente en el seno de las familias.

Puesto que la vocación al sacerdocio exige una respuesta valiente, total y radical, a través de este proyecto, la Familia María Madre persigue la difusión especialmente entre las familias cristianas, y sobre todo entre los padres, del don del sacerdocio ministerial, el agradecimiento y el respeto debido hacia el mismo así como la necesidad, la alegría y la honra de ofrecer a Dios a los propios hijos de manera que pueda fructificar una posible llamada a su servicio.

Confiamos a la Divina Providencia la súplica de las familias miembros del proyecto que confían en que llamará, si quiere, a quien quiera y que, si así sucede, concederá las dotes necesarias a sus elegidos.

“La vocación sacerdotal es un don de Dios, que constituye ciertamente un gran bien para quien es su primer destinatario. Pero es también un don para toda la Iglesia, un bien para su vida y misión. Por eso la Iglesia está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales. En consecuencia, la pastoral vocacional tiene como sujeto activo, como protagonista, a la comunidad eclesial como tal, en sus diversas expresiones: desde la Iglesia universal a la Iglesia particular y, análogamente, desde ésta a la parroquia y a todos los estamentos del Pueblo de Dios.

Es muy urgente, sobre todo hoy, que se difunda y arraigue la convicción de que todos los miembros de la Iglesia, sin excluir ninguno, tienen la responsabilidad de cuidar las vocaciones. El Concilio Vaticano II ha sido muy explícito al afirmar que «el deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana, la cual ha de procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana». Solamente sobre la base de esta convicción, la pastoral vocacional podrá manifestar su rostro verdaderamente eclesial, desarrollar una acción coordinada, sirviéndose también de organismos específicos y de instrumentos adecuados de comunión y de corresponsabilidad.

Una responsabilidad particularísima está confiada a la familia cristiana, que en virtud del sacramento del matrimonio participa, de modo propio y original, en la misión educativa de la Iglesia, maestra y madre. Como han afirmado los Padres sinodales, «la familia cristiana, que es verdaderamente «como iglesia doméstica» (Lumen gentium, 11), ha ofrecido siempre y continúa ofreciendo las condiciones favorables para el nacimiento de las vocaciones. Y puesto que hoy la imagen de la familia cristiana está en peligro, se debe dar gran importancia a la pastoral familiar, de modo que las mismas familias, acogiendo generosamente el don de la vida humana, formen «como un primer seminario» (Optatam totius, 2) en el que los hijos puedan adquirir, desde el comienzo, el sentido de la piedad y de la oración y el amor a la Iglesia». En continuidad y en sintonía con la labor de los padres y de la familia está la escuela, llamada a vivir su identidad de «comunidad educativa» incluso con una propuesta cultural capaz de iluminar la dimensión vocacional como valor propio y fundamental de la persona humana. En este sentido, si es oportunamente enriquecida de espíritu cristiano (sea a través de presencias eclesiales significativas en la escuela estatal, según las diversas legislaciones nacionales, sea sobre todo en el caso de la escuela católica), puede infundir «en el alma de los muchachos y de los jóvenes el deseo de cumplir la voluntad de Dios en el estado de vida más idóneo a cada uno, sin excluir nunca la vocación al ministerio sacerdotal».

También los fieles laicos, en particular los catequistas, los profesores, los educadores, los animadores de la pastoral juvenil, cada uno con los medios y modalidades propios, tienen una gran importancia en la pastoral de las vocaciones sacerdotales. Cuanto más profundicen en el sentido de su propia vocación y misión en la Iglesia, tanto más podrán reconocer el valor y el carácter insustituible de la vocación y de la misión sacerdotal.

En el ámbito de las comunidades diocesanas y parroquiales hay que apreciar y promover aquellos grupos vocacionales, cuyos miembros ofrecen su ayuda de oración y de sufrimiento por las vocaciones sacerdotales y religiosas, así como su apoyo moral y material.

También hay que mencionar aquí a los numerosos grupos, movimientos y asociaciones de fieles laicos que el Espíritu Santo hace surgir y crecer en la Iglesia, con vistas a una presencia cristiana más misionera en el mundo. Estas diversas agrupaciones de laicos están resultando un campo particularmente fértil para el nacimiento de vocaciones consagradas y son ambientes propicios de oferta y crecimiento vocacional. En efecto, no pocos jóvenes, precisamente en el ambiente de estas agrupaciones y gracias a ellas, han sentido la llamada del Señor a seguirlo en el camino del sacerdocio ministerial y han respondido a ella con generosidad. Por consiguiente, hay que valorarlas para que, en comunión con toda la Iglesia y para el crecimiento de ésta, presten su colaboración específica al desarrollo de la pastoral vocacional.

Los diversos integrantes y miembros de la Iglesia comprometidos en la pastoral vocacional harán tanto más eficaz su trabajo, cuanto más estimulen a la comunidad eclesial como tal —empezando por la parroquia— para que sientan que el problema de las vocaciones sacerdotales no puede ser encomendado en exclusiva a unos «encargados» (los sacerdotes en general, los sacerdotes del Seminario en particular), pues, por tratarse de «un problema vital que está en el corazón mismo de la Iglesia» debe hallarse en el centro del amor que todo cristiano tiene a la misma. (Juan Pablo II, Pastores Dabo Vobis, nº 41)

Todo el Pueblo de Dios está llamado a orar intensamente y trabajar por las vocaciones sacerdotales pues es Dios quien, por medio de la oración, envía obreros a su mies.

El proyecto Galilea contribuye con fe viva y alegría, tanto en la revalorización del don del sacerdocio en la familia y la sociedad, como en la obra de evangelización suscitando las vocaciones al sacerdocio y el amor a las misiones en la propia familia.

LOS INTEGRANTES DEL PROYECTO

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El proyecto Galilea está formado por las Familias Misioneras Mater Christi.

Las Familias Misioneras Mater Christi son familias cuyos miembros unidos en oración y ofrecimiento de obras se comprometen a orar para pedir el aumento de santas vocaciones al sacerdocio ofreciendo al mismo tiempo, con sinceridad y apertura de corazón, a sus descendientes para el servicio del Señor.

“Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos.” (Mt 18, 19-20)

Recomendamos la oración en familia aunque, cuando las circunstancias no lo permiten, sus miembros oran y llevan a cabo su ofrecimiento por las vocaciones sacerdotales en medio de sus trabajos y quehaceres diarios.

Animamos a las familias a ofrecer las condiciones favorables para la vocación de los hijos participando de la vida de la Iglesia, especialmente en aquellas celebraciones y solemnidades en las que las familias están especialmente presentes.

En la Familia María Madre tienen un lugar especial aquellas madres, abuelas y tías que, llenas de confianza y vocación a la maternidad espiritual, consagran su oración con este propósito, facilitan y permiten a sus hijos, nietos o sobrinos descubrir el proyecto de amor que Dios tiene para sus vidas, discernir una posible llamada al sacerdocio y darles el valor de entregarse a Él en el camino que ha pensado para ellos desde la eternidad.

Encomendamos encarecidamente la adoración del Santísimo Sacramento y el ofrecimiento de la santa comunión por el incremento de las vocaciones sacerdotales.

“Una llamada particular dirijo a las familias: que los padres, y especialmente las madres, sean generosos en entregar sus hijos al Señor, que los llama al sacerdocio, y que colaboren con alegría en su itinerario vocacional, conscientes de que así será más grande y profunda su fecundidad cristiana y eclesial, y que pueden experimentar, en cierto modo, la bienaventuranza de María, la Virgen Madre: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno» (Lc 1, 42). (Juan Pablo II, Pastores Dabo Vobis, nº 82)

OTRAS ACTUACIONES COMPLEMENTARIAS DEL PROYECTO

Promovemos especialmente la adoración eucarística en familia animando a acostumbrar a los niños a visitar las capillas de adoración perpetua y los sagrarios de las parroquias para aprender a oír la voz del Señor.

Tratamos de fomentar que dentro de las familias se ponga especial énfasis en la formación espiritual de los niños procurando la lectura de libros adecuados a su edad como vidas de santos, oraciones u otros y viviendo los valores evangélicos y la sencillez de vida a fin de que pueda despertar y hacer fructificar, con un libre, valiente y generoso “si” una posible llamada de Dios.

Animamos a la asistencia a las catequesis de sacramentos, la participación en asociaciones y movimientos juveniles cristianos y en las actividades llevadas a cabo por la pastoral de la juventud y vocacional así como por las parroquias de las diócesis.

“El Pueblo de Dios necesita ser guiado por pastores que gasten su vida al servicio del Evangelio. Por eso, pido a las comunidades parroquiales, a las asociaciones y a los numerosos grupos de oración presentes en la Iglesia que, frente a la tentación del desánimo, sigan pidiendo al Señor que mande obreros a su mies y nos dé sacerdotes enamorados del Evangelio, que sepan hacerse prójimos de los hermanos y ser, así, signo vivo del amor misericordioso de Dios.” (Mensaje del Santo Padre Francisco para la 54 Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones)

Promovemos entre las Familias Misioneras Mater Christi la adecuación en sus casas de un espacio de oración en el que puedan, todos sus miembros, hacer oración, bien conjuntamente cuando sea posible, bien individualmente. En este lugar de oración recomendamos encarecidamente sea colocada una imagen de la Virgen Santísima, Madre de las vocaciones así como la Sagrada Biblia, un crucifijo y algún otro elemento decorativo adecuado: icono, vela, etc. con el propósito de crear un ambiente de recogimiento y alguna lectura adecuada para niños, si los hubiere, también acerca del don del sacerdocio, así como oraciones sencillas adaptadas a sus edades.

Recomendamos a las Familias Misioneras Mater Christi la entronización del Sagrado Corazón de Jesús en sus casas realizada por un sacerdote junto con la bendición de la Familia.

MARÍA, MADRE DE LAS VOCACIONES

“Virgen y Madre María, tú que, movida por el Espíritu, acogiste al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe, totalmente entregada al Eterno, ayúdanos a decir nuestro “sí” ante la urgencia, más imperiosa que nunca, de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 288)

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