PROYECTO
NAZARET

PROYECTO NAZARET

“El niño crecía, se fortalecía y se iba llenando de sabiduría;
y la gracia de Dios estaba sobre él.” (Jc 2, 40)
“El niño crecía, se fortalecía y se iba llenando de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.” (Jc 2, 40)
"No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo"

(Jn 17, 15-16)

VOLUNTARIADO DE SOSTENIMIENTO ESPIRITUAL DEL SACERDOCIO CATÓLICO.
ORACIÓN POR LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES

VOLUNTARIADO DE SOSTENIMIENTO ESPIRITUAL DEL SACERDOCIO CATÓLICO. ORACIÓN POR LA SANTIFICACIÓN DE LOS SACERDOTES

NUESTRO OBJETIVO

Por el sacramento del Orden, los sacerdotes han sido hechos partícipes de la misión de Cristo sacerdote, cabeza, pastor y guía. Su misión es imprescindible en la vida de la Iglesia pues son: ministros de la Palabra de Dios, ministros de los sacramentos y de la Eucaristía así como rectores del Pueblo de Dios (Pablo VI, Presbyterorum Ordinis).

El proyecto Nazaret toma conciencia de que el sacerdocio ministerial es una gracia para la Iglesia entera y se entrega a la oración incesante en favor de su santificación.

“…Para hacer reinar a Jesucristo en el mundo, ninguna cosa es tan necesaria como la santidad del clero, para que con su ejemplo, con la palabra y con la ciencia sea guía de los fieles”… A todos los fieles pedimos también en este año centenario, que rueguen por los sacerdotes y que contribuyan, en cuanto puedan, a su santificación. Hoy los cristianos fervientes esperan mucho del sacerdote. Ellos quieren ver en él –en el mundo donde triunfan el poder del dinero, la seducción de los sentidos, el prestigio de la técnica – un testigo del Dios invisible, un hombre de fe, olvidado de sí mismo y lleno de caridad. Sepan tales cristianos que ellos pueden influir mucho en la fidelidad de sus sacerdotes a tal ideal, con el religioso respeto a su carácter sacerdotal, con una más exacta comprensión de su labor pastoral y de sus dificultades y con una más activa colaboración a su apostolado.“ (Juan XXIII, Sacerdotii Nostri Primordia, conclusión.)

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El principal objetivo del proyecto Nazaret es la oración de intercesión por la santificación de todos los sacerdotes y religiosos aunque persigue otras finalidades propias: testimoniar un acompañamiento a los sacerdotes que se sienten incomprendidos, poco acompañados o abandonados por muchos fieles en su misión; colaborar activamente en la revalorización del don del sacerdocio en la sociedad como ministerio imprescindible en la vida de lglesia y hacer fructificar el enorme potencial de la oración de la gente común y corriente.

LOS INTEGRANTES DEL PROYECTO

“Quien a vosotros acoge, a mí me acoge,
y quien me acoge a mí, acoge a Aquel que me ha enviado”

(Mt 10, 40)

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Los Servidores de María Madre son todas aquellas personas que colaboran con su oración y ofrecimientos por la santificación de todos los sacerdotes y religiosos.

La misión de los Servidores de María Madre consiste en acompañar con su oración a los sacerdotes para que puedan llevar a cabo su misión evangelizadora y ser en el mundo un signo del amor misericordioso del Padre.

Este cometido incluye velar por su santificación y su íntima unión con Cristo hasta su configuración con los rasgos de Cristo, Buen Pastor: su misericordia, sus valores, su testimonio, su intimidad con Dios, su fidelidad y su entrega a los demás.

 «Os daré pastores según mi corazón» (Jer 3, 15)

Conscientes de la importancia de la misión de los sacerdotes dentro de la Iglesia, a cuyo servicio consagran su vida, los miembros del proyecto, como fieles bautizados, miembros del Pueblo de Dios y llamados a ejercer el sacerdocio común de los fieles ofreciendo un “sacrifico vivo, santo y agradable a Dios” (Rom 12,1) velan por el orden episcopal que, junto con los sacerdotes, continúa la obra de los Apóstoles.

“Incorporados a Jesucristo, los bautizados están unidos a Él y a su sacrificio en el ofrecimiento de sí mismos y de todas sus actividades (cf. Rm 12, 1-2). Dice el Concilio hablando de los fieles laicos: “Todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso espiritual y corporal, si son hechos en el Espíritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales aceptables a Dios por Jesucristo (cf. 1 P 2, 5), que en la celebración de la Eucaristía se ofrecen piadosísimamente al Padre junto con la oblación del Cuerpo del Señor. De este modo también los laicos, como adoradores que en todo lugar actúan santamente, consagran a Dios el mundo mismo” (Juan Pablo II, Christifideles laici, 14).

Los sacerdotes se hallan en constante peligro en el ejercicio de su misión. El compromiso y el servicio en el Reino de Dios de los Servidores de María Madre se concreta en la lucha espiritual en favor del sacerdocio ministerial frente a las fuerzas del mal.

“Oh Jesús mío, Te ruego por toda la Iglesia: concédele amor y luz de Tu Espíritu, da poder a las palabras de los sacerdotes para que los corazones endurecidos se ablanden y vuelvan a Ti, Señor. Señor, danos sacerdotes santos; Tú mismo consérvalos en la santidad. Oh Divino y Sumo Sacerdote, que el poder de Tu misericordia los acompañe en todas partes y los proteja de las trampas y asechanzas del demonio, que están siendo tendidas incesantemente para (atrapar a) las almas de los sacerdotes. Que el poder de Tu misericordia, oh Señor, destruya y haga fracasar lo que pueda empañar la santidad de los sacerdotes ya que Tú lo puedes todo.” (Diario de Santa Faustina, 1052)

Una consecuencia que se deriva de la santificación de los sacerdotes también es muy importante y es que ésta ejerce un llamamiento por medio del testimonio que promueve el surgimiento de nuevas vocaciones.

“En orden a promover las vocaciones sacerdotales no podéis quedar insensibles ante la necesidad de sostener con vuestra oración, con vuestra palabra y con vuestro aliento a los sacerdotes en su recta realización del sacerdocio. El maligno sabe que golpeando al pastor se dispersan las ovejas del rebaño (cf. Mt 26, 31) y actúa en consecuencia. El golpe más fuerte es el que afecta a la profunda unión con Cristo y al auténtico celo sacerdotal que de ella brota, que no tiene nada que ver con un simple activismo externo. Sosteniendo a los sacerdotes en su misión específica, también promovéis, aunque sea indirectamente, las vocaciones sacerdotales.” (Homilía del Card. Zenon Grocholewski, 4 de enero de 2006).

 

Los Servidores de María Madre no se identifican necesariamente con una situación de especial sufrimiento, aunque también pueden ofrecer además de oraciones: sacrificios, ayunos, trabajos y la conformidad con la voluntad de Dios en sus vidas, especialmente en las contrariedades de la vida, entre otras.

“Confío a tu cuidado dos perlas preciosas para Mi Corazón, que son las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos; por ellas rogarás de manera especial, la fuerza de ellas vendrá de tu anonadamiento. Las plegarias, los ayunos, las mortificaciones, las fatigas y todos los sufrimientos, los unirás a la oración, al ayuno, a la mortificación, a la fatiga, al sufrimiento Mío y entonces tendrán valor ante Mi Padre” (Diario de Santa Faustina, 531)

Los voluntarios ponen todo su interés en la intercesión por la santificación de todos los sacerdotes practicando la caridad en todo momento, rechazando cualquier crítica y perseverando en el ofrecimiento, ejerciendo la misericordia ante cualquier debilidad y socorriendo sus deficiencias viendo, en todo momento, al Hijo de Dios en ellos.

“La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud.” (Rm 13, 10).

Los Servidores de María Madre siguen las indicaciones de San Pablo manteniéndose perseverantes en la oración y entregados a una misma causa:

“Manteneos siempre en la oración y la súplica, orando en toda ocasión por medio del Espíritu, velando juntos con perseverancia intercediendo por todos los santos.” (Ef 6, 18)

Animamos especialmente a los jóvenes, con su especial fuerza y capacidad, a colaborar activamente en la Iglesia formando parte del proyecto Nazaret o en cualquiera de sus proyectos.

Los niños también tienen un lugar muy importante en la Familia María Madre formando parte de los Servidores de María Madre y apadrinando un sacerdote si lo desean ya que Dios escucha su oración con inmenso amor.

“Dejad que los niños vengan a mí; y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos” (Mt 19, 14).

 

Por otra parte es bueno y necesario enseñar a los niños a hablar con Dios y orar por otras personas, también por la Iglesia y sus sacerdotes. 

Por esta razón, la Familia María Madre acoge a los niños con mucha alegría como voluntarios no importa cuán pequeños son ya que pueden llevar a cabo su tarea con la ayuda de sus padres desde una edad muy temprana pues los niños nunca son demasiado pequeños para hablar con Dios.

“Los niños son, desde luego, el término del amor delicado y generoso de nuestro Señor Jesucristo: a ellos reserva su bendición y, más aún, les asegura el reino de los cielos (cf Mt 19, 13-15; Mc 10, 14). En particular, Jesús exalta el papel activo que tienen los pequeños en el reino de Dios: son el símbolo elocuente y la espléndida imagen de aquellas condiciones morales y espirituales que son esenciales para entrar en el reino de Dios y para vivir la lógica del total abandono en el Señor: “Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y el que reciba incluso a uno solo de estos niños en mi nombre, a mí me recibe” (Mt 18, 3-5; cf Lc 9, 48).

La niñez nos recuerda que la fecundidad misionera de la Iglesia tiene su raíz vivificante no en los medios y méritos humanos, sino en el don absolutamente gratuito de Dios. La vida de inocencia y de gracia de los niños, como también los sufrimientos que injustamente les son infligidos, en virtud de la cruz de Cristo obtienen un enriquecimiento espiritual para ellos y para toda la Iglesia. Todos debemos tomar de esto una conciencia más viva y agradecida.

Además, se ha de reconocer que también en la edad de la infancia y de la niñez se abren valiosas posibilidades de acción tanto para la edificación de la Iglesia como para la humanización de la sociedad”. (San Juan Pablo II, Christifideles laici, n. 47)

“Jesús no mires nuestros pecados, sino las lágrimas de los niños pequeños, el hambre y el frío que sufren. Jesús, en nombre de estos inocentes, concédeme la gracia que Te pido para mi patria. En aquel instante vi al Señor con los ojos llenos de lágrimas y me dijo: Ves, hija Mía, cuánta compasión les tengo; debes saber que son ellos los que sostienen el mundo.” (Diario de Santa Faustina, 286)

 

OTRAS ACTUACIONES COMPLEMENTARIAS DEL PROYECTO

  • Promoción de la adoración eucarística por la santificación de los sacerdotes.
  • Impulso hacia la participación e implicación de toda la sociedad en la necesidad de ayudar y animar al sacerdocio católico en su misión.
  • Revalorización del don del sacerdocio en la sociedad como ministerio imprescindible en la vida de la Iglesia y concienciación mediante las redes sociales y la difusión de materiales diversos.
  • Fomento de encuentros de oración con los niños con visitas al Santísimo.
  • Llamamiento a la acogida a la Virgen María como Madre de la Iglesia y de los sacerdotes y a la consagración de los miembros del proyecto al Inmaculado Corazón de la Virgen María.
  • Promoción de actividades y obras de carácter benéfico social en ayuda del sacerdocio católico.
  • Organización y realización, de forma autónoma o en colaboración con otras entidades de conferencias y cualquier tipo de acción formativa, relativos a materias vinculadas con los fines.

MARÍA, REINA DE LOS APÓSTOLES

Oh María,
Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes:
acepta este título con el que hoy te honramos
para exaltar tu maternidad
y contemplar contigo
el Sacerdocio de tu Hijo unigénito y de tus hijos,
oh Santa Madre de Dios.

Madre de Cristo,
que al Mesías Sacerdote diste un cuerpo de carne
por la unción del Espíritu Santo
para salvar a los pobres y contritos de corazón:
custodia en tu seno y en la Iglesia a los sacerdotes,
oh Madre del Salvador.

Madre de la fe,
que acompañaste al templo al Hijo del hombre,
en cumplimiento de las promesas
hechas a nuestros Padres:
presenta a Dios Padre, para su gloria,
a los sacerdotes de tu Hijo,
oh Arca de la Alianza.

Madre de la Iglesia,
que con los discípulos en el Cenáculo
implorabas el Espíritu
para el nuevo Pueblo y sus Pastores:
alcanza para el orden de los presbíteros
la plenitud de los dones,
oh Reina de los Apóstoles.

Madre de Jesucristo,
que estuviste con Él al comienzo de su vida
y de su misión,
lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,
lo acompañaste en la cruz,
exhausto por el sacrificio único y eterno,
y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo:
acoge desde el principio
a los llamados al sacerdocio,
protégelos en su formación
y acompaña a tus hijos
en su vida y en su ministerio,
oh Madre de los sacerdotes. Amén.

-San Juan Pablo II-

(Exhortación Apostólica Pastores Dabo Vobis)

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